Día tras día, se cierra este círculo formado por nuestros fracasos, diseñado por nuestros líderes, haciéndonos comprender, que nada cambia, todo gira y vuelve a su origen, hundiendo nuestro pecho por la desesperanza, que esta, ahora añora, el tramo anterior del círculo, que cubrió nuestro dolor con la anestesia del débil conformismo, iluminado por la luz intermitente de la felicidad.
El dueño del sistema nos ahonda en el miedo al fracaso, con su psicología esclavista de siglos anteriores, nos hace amar la sensación de saber que vendrá mañana, olvidándonos de las miserias presentes, sólo por la virtual seguridad que nos brinda el sistema, que nos mantiene, sólo si mantenemos baja nuestra cabeza.
Apuntado con el dedo acusador de la triste conformidad, será el que defienda sus ideas y sacrifique la falsa seguridad, que conforma a la sociedad, apostándose a la real sensación de no saber que vendrá, subido a la montaña de sus sueños, mirando su destino desde lejos pero sin perderlo de vista, sabiendo que al resbalar caerá de la montaña hacia el valle del fracaso, pero con fuerza para volver a subir, volver a caer y volver a subir, todas las veces que sea necesario, hasta divisar el sendero que lo conduzca hacia su destino.
Al subir a la montaña encontraras una pendiente difícil de trepar, que se inclinara más cada vez que te dé vuelta la cara tu hermano y te muestre su espalda, sólo mira la punta de la montaña, sabiendo que desde allí podrás observar a tus hermanos sólo con la limitación que ellos poseen de mirar un sólo lado de la montaña, desde el cementerio del conformismo viviendo tranquilos en sus tumbas, sin conocer nunca el riego del fracaso.
Abandona felizmente tu tumba y persigue tus ilusiones por el camino de tu pasión y no escuches nunca las burlas de tus hermanos a tus sueños luchando con el sin esperar ayuda hasta el final de los días. Tus fuerzas se cargaran de valor mirando al prójimo como un espejo y veras que tranquilidad falsa de este sistema, que sólo favorece a los dueños del mismo, a ti te conformara pero nunca te hará feliz. La verdadera felicidad esta en tu pasión, no te la dará ganar mucho si no hacer lo que te ilusiona.
Colaboración de Martin Egea
Argentina
